Una incente franja blanca trazada sobre el pavimento separa, en la famosa frontera de Wagha, India de Pakistan. Hablar de India y Pakistan como entidades separadas solo es possible a partir de 1948, cuando la ex India Britanica se fragmento en tres estados independientes, incluyendoa los ya mencionados y Bangladesh. N el caso de la nda y Pakistan la separacion tuvo un fundamento religioso, y casi desde el inicio las neonatas naciones han estado en pie de guerra en torno a la region fronteriza de Cachemira, donde el 92% de las almas son musulmanas. Aunque la frontera de Wagha esta lejos de la zona conflictive, uno esperaria encontrar alli la parsimonia digna de dos naciones que se vigilan como dos serpientes heridas. En cambio, los engalanados gendarmes apostados a cada lado de la franja blanca conversan afablemnte y posan para la foto. Mas significativamente, cada dia por la tarde ambas dotaciones fronterizas cooperan en una vistosa ceremonia de cierre de frontera con coreografias que simbolizan el enfrentamiento historico entre partes. Algo ironico, si se piensa que los servicios secretos pakistanies siguen, hasta el dia de hoy, financiando atentados en Srinagar o Jammu.
Caminando unos metros mas, ya con un nuevo sello en el pasaporte, un cartel me da la benvenida a la “democracia mas grande del planeta” hacienda mas referencia al numero de presentados que a la magnitude de dicha representacion. Personalmente, al cruzar la linea magica, me di cuenta que, ants que a la India real, al sustrato fisico de las estadisticas, estaba llegando al Concepto India, a la remota tierra donde se escribieron los primeros libros –las escrituras vedicas-, a la brisa que urdio el sanscrito, progenitora de casi todas las lenguas europeas. A lo largo de milenios India ha sido para Occidente un lejano emisor de sabiduria, como una impercibida supernova cuya energia nos llega harto despus de haber sido engendrada. El impulso por el conocimiento fue por largo tiempo un bicho endemico de India: mientras los europeos estaban ocupados afilando sus hachas alguien a las orllas del Ganges diseniaba los encrucijadas del ajedrez. La refinada idea de que el unverso no es mas que una ilusion en nuestra mente precede en siglos a Descartes, Schopenhauer y la murga.. El cordon umbilical puede resultar hoy invisible, pero no son pocos los que sospechan que el mismisimo Cristo paso anios en India estudiando yoga y meditacion. Pasando a los demonios, y racistas como eran, los Nazis terminaron excavando sus origenes en los Himalayas atraves de varias expediciones arqueologico politicas llevadas a cabo por secciones especiales de las SS, suceso frivolamente retratado en la pelicula “Siete anios en el Tibet”.
Nombradas estas atractivas conexiones, debo admitir, mis primeros pasos en Amritsar me repatriaron del Concepto India a la India real, donde vacas lentas, ancianas y obesas frenan por minutos un imparable transito de rickshaws que ningun semaforo osaria puntuar, y donde hombres y mujeres doman inexplicablemente el suenio a cualquier hora del dia, a lo largo de veredas y caminos. Al menos temporariamente, adjudicar la excesiva espontaneidad con que la vida sucede en India a un nihilismo profesado inconcientemente me parece forzar las cosas un tanto. La superpoblacion parece una explicacion menos elgante pero mas precisa para el asunto.
Con estos pensamiento llegue al Templo Dorado, en Amritsar, una de las ciudades mas celebres del Punjab. Todo los viajeros en transito de Este a oeste me habian informado de la posibilidad de alojarse gratuitamnte en el fabuloso templo de los Sikh. Presentemos a los Sikhs: en contraste con los simper calmos hindues, los Sikh son aquellos que consideraron necesario el uso de la violencia para defenderse del invasor musulman. La vida spiritual del sikismo gira entorno al Templo Dorado, un complejo de templos y ashrams que se organiza a orillas de un nmenso lago artifical cuadrado. Una pasarela conduce, en el centro del lago, hacia el templo principal, laminado completamente en oro. Con el fondo ininterrumpido del gunbali, o musica religiosa, miles de peregrinos, algunos llegados desde sitios tan lejanos como Europa o EE.UU, caminan las 24 hroas alrededor del lago. Resulta facil diferenciar a un hindu de un sikh. Los primeros se muestran rehacios a cortarse ninguna de las expresiones capilares del cuerpo humano, lo que equivale a decir que arrastran tremendas barbas, y cubren su cabello con un turbante llamado padgi. En teoria, todos deberian llevar un cuchillo curvo envainado en su costado, hoy dia mera decoracion. Uno de los guardians del templo, por ejemplo, se pasea orgulloso de su turbante naranja neon y de su bata azul, y dispensa discretas puntadas a los devotos que se quedan dormidos durante las plegarias. Viniendo de la sobriedad cromatica musulmana, tengo la impresion de haber ingerido un alucinogeno. Y aun no habia llegado a McLoed Ganj….
Estaba sentado de piernas cruzadas a orilla del lago cuando fue interrogado por un joven vestido en arapos color tierra: “Perdon, es Ud. Un santo?” – me dijo. “Negativo –respondi- Por que?” “Por las rastas!”- respondio Rajan, quien era un graduado de Filosofia orundo del sur de India que estaba en peregrinaje persecutorio de la Iluminacion. Llevaba tres meses cruzando India en tren en todas las direcones posibles. Antes que entendiera que hacia dedo por amor al abandono me informo que, pareciendome a un santo, podia usar los trenes gratuitamente, lo que me dejo pensando por un momento lo lindo que seria sumar al pasaporte y a la tarjeta de estudiante falsa un carnet de santidad. Pasamos varias horas hablando sobre Hinduismo (el hablando, yo aprendiendo) y sobre el velo de Maya. “La gente hoy dia cree demasiado en la propaganda de la realidad” – comenta Rajan mientras ambos buscamos lugar en el templo donde diariamente se sirven 40.000 raciones de comida. En el salon habia unas 300 personas, alineadas a ambos lados de una senda alfombrada por la que circulaban coloridos servientes que, aereamente y practicamente sin detenerse, llenaban cada plato con guiso. Como la comida se sirve a toda hora, tambien constantemente se pueden ver decenas de mujeres que anillan toneladas de cebolla, mientras, bajo un tinglado del tamanio de una casa, otros tantos hombres enjuagan y apilan centenaries de platos metalicos. Por cada tanda de comensales, una partida de sujetos munidos de baldes, lamazos y secadores pasan razantes y efectivos, uno detras del otro, en un verdadero blitz de pulcridad. Con una poca asiatica puntualidad, el salon esta listo 5 minutos mas tarde para recibir a la siguiente tanda de ansiosos devotos. (Otra que almorzando con Mirta Legrand).
Luego de la cena continuamos nuestra conversacion sobr el cesped de los jardines. La realidad era insustancial, hasta ahi habiamos llegado. Intente recordar que habia hecho en un fecha al azar, por decir, 16 de Julio de 2005. Imposible. Aunque ese dia no parece haber trascendido hasta dejar huella en mi memoria, lo mas seguro es que me haya despertado con urgencies, metas, y la sensacion de que seria un dia impostergable. Y sin embargo, nada. Ni rastros del 16 de Julio de 2005. Mi sabio amigo receta medicina local hindu (como la que los locales casi nunca usan): “Conciencia de cada Segundo, de cada grano de arroz ingerido o sonrisa, evitar los trenes de acciones con sentido a largo plazo. Pero suficiente filosofia, vayamos por un buen plato de agua!” Y su exclamacion era exacta, en medio a tanta frugalidad era possible hablar de un buen vaso de agua, los que eran preparados por el piadoso sikh de un stand cercano. Rajan me habia rescatado de la India real. Por el momento flotaba nuevamente en el Concepto India.
Sabia que hacer dedo en las afueras de una gran ciudad India me iba a exponer a las ofertas no queridas de una miriada de conductores de rickshaw. Los primeros diez que optaron por detener su artefacto sin que yo lo requiriera se beneficiron de un matutino e infructifero intento de cultivar la paciencia. El numero once, en cambio, vio su rickshaw ser robado por el mochilero. Con un pasajero en el asiento trasero y todo pedale 500 metros hasta una banquina mucho mas tranquila, para la sorpresa del conductor del triciclo, que medio kilometro detras, demostraba ahora buenas aptitudes en el arte de gritar. Excluyendo cierto grado de estres en el mencionado episodio, a la salida de Amritsar, el resto del viaje hacia Dharamsala, en las primeras insinuaciones del Himalaya, fueron una suave concatenacion de autos privados con aire acondicianado y camions locales “Tata” que vienen de fabrica con altarcito para Shiva en el parante divisor del parabrisas. Huyendo del agobiante calor de las llanuras pase Dharamsala y me asente en McLoed Ganj, otrora una estacion de retiro estival para la aristocracia colonial inglesa que pronto habia descubierto que ningun abanico podia contra el calor de Dehli en los meses de verano. Aunque McLoed Gabj es sinonimo del Gobierno Tibetano en el exilio, el character del pueblo esta no menos definido por la presencia de cientos de hippies de 5 a 80 anios de edad que cumplen otro tipo de exilio y hacen del valle su hogar por semanas o meses. Llegue con el atardecer acotando mi curiosidad. Solo la maniana siguiente comenzaria a navegar el laberinto de busquedas que es McLoed y el Valle de Kangra.
Caminando unos metros mas, ya con un nuevo sello en el pasaporte, un cartel me da la benvenida a la “democracia mas grande del planeta” hacienda mas referencia al numero de presentados que a la magnitude de dicha representacion. Personalmente, al cruzar la linea magica, me di cuenta que, ants que a la India real, al sustrato fisico de las estadisticas, estaba llegando al Concepto India, a la remota tierra donde se escribieron los primeros libros –las escrituras vedicas-, a la brisa que urdio el sanscrito, progenitora de casi todas las lenguas europeas. A lo largo de milenios India ha sido para Occidente un lejano emisor de sabiduria, como una impercibida supernova cuya energia nos llega harto despus de haber sido engendrada. El impulso por el conocimiento fue por largo tiempo un bicho endemico de India: mientras los europeos estaban ocupados afilando sus hachas alguien a las orllas del Ganges diseniaba los encrucijadas del ajedrez. La refinada idea de que el unverso no es mas que una ilusion en nuestra mente precede en siglos a Descartes, Schopenhauer y la murga.. El cordon umbilical puede resultar hoy invisible, pero no son pocos los que sospechan que el mismisimo Cristo paso anios en India estudiando yoga y meditacion. Pasando a los demonios, y racistas como eran, los Nazis terminaron excavando sus origenes en los Himalayas atraves de varias expediciones arqueologico politicas llevadas a cabo por secciones especiales de las SS, suceso frivolamente retratado en la pelicula “Siete anios en el Tibet”.
Nombradas estas atractivas conexiones, debo admitir, mis primeros pasos en Amritsar me repatriaron del Concepto India a la India real, donde vacas lentas, ancianas y obesas frenan por minutos un imparable transito de rickshaws que ningun semaforo osaria puntuar, y donde hombres y mujeres doman inexplicablemente el suenio a cualquier hora del dia, a lo largo de veredas y caminos. Al menos temporariamente, adjudicar la excesiva espontaneidad con que la vida sucede en India a un nihilismo profesado inconcientemente me parece forzar las cosas un tanto. La superpoblacion parece una explicacion menos elgante pero mas precisa para el asunto.
Con estos pensamiento llegue al Templo Dorado, en Amritsar, una de las ciudades mas celebres del Punjab. Todo los viajeros en transito de Este a oeste me habian informado de la posibilidad de alojarse gratuitamnte en el fabuloso templo de los Sikh. Presentemos a los Sikhs: en contraste con los simper calmos hindues, los Sikh son aquellos que consideraron necesario el uso de la violencia para defenderse del invasor musulman. La vida spiritual del sikismo gira entorno al Templo Dorado, un complejo de templos y ashrams que se organiza a orillas de un nmenso lago artifical cuadrado. Una pasarela conduce, en el centro del lago, hacia el templo principal, laminado completamente en oro. Con el fondo ininterrumpido del gunbali, o musica religiosa, miles de peregrinos, algunos llegados desde sitios tan lejanos como Europa o EE.UU, caminan las 24 hroas alrededor del lago. Resulta facil diferenciar a un hindu de un sikh. Los primeros se muestran rehacios a cortarse ninguna de las expresiones capilares del cuerpo humano, lo que equivale a decir que arrastran tremendas barbas, y cubren su cabello con un turbante llamado padgi. En teoria, todos deberian llevar un cuchillo curvo envainado en su costado, hoy dia mera decoracion. Uno de los guardians del templo, por ejemplo, se pasea orgulloso de su turbante naranja neon y de su bata azul, y dispensa discretas puntadas a los devotos que se quedan dormidos durante las plegarias. Viniendo de la sobriedad cromatica musulmana, tengo la impresion de haber ingerido un alucinogeno. Y aun no habia llegado a McLoed Ganj….
Estaba sentado de piernas cruzadas a orilla del lago cuando fue interrogado por un joven vestido en arapos color tierra: “Perdon, es Ud. Un santo?” – me dijo. “Negativo –respondi- Por que?” “Por las rastas!”- respondio Rajan, quien era un graduado de Filosofia orundo del sur de India que estaba en peregrinaje persecutorio de la Iluminacion. Llevaba tres meses cruzando India en tren en todas las direcones posibles. Antes que entendiera que hacia dedo por amor al abandono me informo que, pareciendome a un santo, podia usar los trenes gratuitamente, lo que me dejo pensando por un momento lo lindo que seria sumar al pasaporte y a la tarjeta de estudiante falsa un carnet de santidad. Pasamos varias horas hablando sobre Hinduismo (el hablando, yo aprendiendo) y sobre el velo de Maya. “La gente hoy dia cree demasiado en la propaganda de la realidad” – comenta Rajan mientras ambos buscamos lugar en el templo donde diariamente se sirven 40.000 raciones de comida. En el salon habia unas 300 personas, alineadas a ambos lados de una senda alfombrada por la que circulaban coloridos servientes que, aereamente y practicamente sin detenerse, llenaban cada plato con guiso. Como la comida se sirve a toda hora, tambien constantemente se pueden ver decenas de mujeres que anillan toneladas de cebolla, mientras, bajo un tinglado del tamanio de una casa, otros tantos hombres enjuagan y apilan centenaries de platos metalicos. Por cada tanda de comensales, una partida de sujetos munidos de baldes, lamazos y secadores pasan razantes y efectivos, uno detras del otro, en un verdadero blitz de pulcridad. Con una poca asiatica puntualidad, el salon esta listo 5 minutos mas tarde para recibir a la siguiente tanda de ansiosos devotos. (Otra que almorzando con Mirta Legrand).
Luego de la cena continuamos nuestra conversacion sobr el cesped de los jardines. La realidad era insustancial, hasta ahi habiamos llegado. Intente recordar que habia hecho en un fecha al azar, por decir, 16 de Julio de 2005. Imposible. Aunque ese dia no parece haber trascendido hasta dejar huella en mi memoria, lo mas seguro es que me haya despertado con urgencies, metas, y la sensacion de que seria un dia impostergable. Y sin embargo, nada. Ni rastros del 16 de Julio de 2005. Mi sabio amigo receta medicina local hindu (como la que los locales casi nunca usan): “Conciencia de cada Segundo, de cada grano de arroz ingerido o sonrisa, evitar los trenes de acciones con sentido a largo plazo. Pero suficiente filosofia, vayamos por un buen plato de agua!” Y su exclamacion era exacta, en medio a tanta frugalidad era possible hablar de un buen vaso de agua, los que eran preparados por el piadoso sikh de un stand cercano. Rajan me habia rescatado de la India real. Por el momento flotaba nuevamente en el Concepto India.
Sabia que hacer dedo en las afueras de una gran ciudad India me iba a exponer a las ofertas no queridas de una miriada de conductores de rickshaw. Los primeros diez que optaron por detener su artefacto sin que yo lo requiriera se beneficiron de un matutino e infructifero intento de cultivar la paciencia. El numero once, en cambio, vio su rickshaw ser robado por el mochilero. Con un pasajero en el asiento trasero y todo pedale 500 metros hasta una banquina mucho mas tranquila, para la sorpresa del conductor del triciclo, que medio kilometro detras, demostraba ahora buenas aptitudes en el arte de gritar. Excluyendo cierto grado de estres en el mencionado episodio, a la salida de Amritsar, el resto del viaje hacia Dharamsala, en las primeras insinuaciones del Himalaya, fueron una suave concatenacion de autos privados con aire acondicianado y camions locales “Tata” que vienen de fabrica con altarcito para Shiva en el parante divisor del parabrisas. Huyendo del agobiante calor de las llanuras pase Dharamsala y me asente en McLoed Ganj, otrora una estacion de retiro estival para la aristocracia colonial inglesa que pronto habia descubierto que ningun abanico podia contra el calor de Dehli en los meses de verano. Aunque McLoed Gabj es sinonimo del Gobierno Tibetano en el exilio, el character del pueblo esta no menos definido por la presencia de cientos de hippies de 5 a 80 anios de edad que cumplen otro tipo de exilio y hacen del valle su hogar por semanas o meses. Llegue con el atardecer acotando mi curiosidad. Solo la maniana siguiente comenzaria a navegar el laberinto de busquedas que es McLoed y el Valle de Kangra.













































